La compra de Twitter por Elon Musk: concentración mediática, internas y geopolítica.

La compra por parte de Elon Musk -dueño de Tesla, SpaceX, Neuralink y The Boring Company- de la plataforma social twitter debe leerse en diversos planos.

En primer lugar, es un paso más en la dirección de la consolidación de la monopolización de la comunicación en unas pocas corporaciones que se expanden hacia toda la cadena de valor de las tecnologías, y a su vez profundiza la concentración de los datos personales en manos privadas en el mundo occidental.

Estas corporaciones tienen la capacidad de apropiarse de los datos de millones de personas, de procesarlos en tiempo real e instalar mercancías e ideas en función de sus intereses. Para los Estados, incluso para el propio Estados Unidos, lugar de donde provienen, su regulación es un problema mayúsculo.

Esta es la situación en el mundo occidental, ya que China tiene otras propuestas tecnológicas y otra relación público-privado: el Estado interviene incisivamente desde la concepción y planificación del desarrollo tecnológico, a través del financiamiento, la propiedad de acciones y las regulaciones.

Es preocupante para comunicación y para la libertad de expresión, incluso para la democracia, esta concentración tecnológica y comunicacional, y sin duda interpela a los Estados y gobiernos.

Twitter, pero también Facebook -Meta (WhatsApp e Instagram)- y Google -Alphabet (You Tube)- son las compañías más cuestionadas en relación a las diferentes varas con las que moderan el contenido. Los trols y bots se adueñan de sus plataformas saturándolas de noticias falsas y de grandes campañas de desinformación social. En nuestra región padecemos esta situación en cada campaña electoral.

Quizás la pregunta más acuciante para las sociedades abiertas es si podemos garantizar una información de calidad y veraz sin asumir socialmente el debate acerca de la concentración mediática. Este análisis es central para América Latina, ya que estas mismas redes sociales censuraron varias cuentas de referentes políticos e intervinieron en hechos políticos claves como las elecciones y el Golpe de Estado de la republica Plurinacional de Bolivia; en donde permitieron la circulación de los discursos de odio y no censuraron ninguna de las cuentas de los implicados en el golpe.

Para Musk, la compra de Twitter, más allá de ser un negocio económico, es la posibilidad de avanzar en un campo en el cual no es fuerte: la concentración de datos de los usuarios y en el poder de incidir en el humor social a través de controlar lo que estas corporaciones intentan instalar como “la nueva plaza pública”.  Estas corporaciones pretenden que el debate político solo se produzca dentro de sus plataformas para así poder regular el flujo de la información. Por suerte para las democracias, los debates se producen en una multiplicidad de espacios: en los comedores barriales, en los sindicatos, en las movilizaciones, en los centros culturales, etc.

Pero la jugada de Musk también se encuentra en relación a la política interna, en particular de cara a las próximas elecciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Las redes sociales ya fueron escenario de fuertes disputas políticas, como en la toma del Capitolio, del 6 de enero del 2021, cuando éstas decidieron bloquear las cuentas de Donald Trump siendo presidente en funciones, generando grandes debates respecto de la autoridad de las corporaciones tecnológicas en la regulación de la circulación de información. 

Este año hay elecciones legislativas y ya son varias las jugadas para reacomodar la arena de la disputa digital.

Por un lado, Peter Thiel, un gran financista del Silicón Valley, fundador de Paypal e integrante del consejo asesor de Facebook desde el 2005, declina presentarse a la reelección en la empresa para que no afecte a la compañía la decisión de apoyar a dos candidatos republicanos al senado (Vance por Arizona y Masters por Ohio). Thiel es amigo y asesor de Donald Trump y apoyó fuertemente su campaña. Musk y Thiel están juntos en Open AI, una empresa desarrolladora de Inteligencia Artificial que pudiera desarrollar conversaciones con humanos de manera fluida.

Mientras, la agresiva compra de Twitter por parte del dueño de Tesla agitó aún más las aguas políticas en el ya quebrado estado profundo norteamericano. Los demócratas lo ven como una ofensiva de los sectores más conservadores y cercanos a Trump; los republicanos celebraron la noticia. Mark Levin, un conservador con mucha influencia en medios se pronunció anunciando su retorno a la red social: “¡Gracias al nuevo dueño, he decidido volver!”.

Según sus propias declaraciones Musk, ahora dueño absoluto de la red social, aspira a convertirla en un terreno en donde reine la libertad de expresión: “Espero que incluso mis peores críticos sigan en Twitter, porque eso es lo que significa la libertad de expresión”, ratificando la idea en varios tweets: “libertad de expresión, me refiero simplemente a lo que se ajusta a la ley. Estoy en contra de la censura que va mucho más allá de la ley”; “Si la gente quiere menos libertad de expresión, le pedirá al gobierno que apruebe leyes a tal efecto. Por lo tanto, ir más allá de la ley es contrario a la voluntad del pueblo”. En este sentido hay que destacar que es un discurso disruptivo para la lógica de las grandes de las tecnologías, ya que reivindica a la ley como ordenadora del mundo digital privado. Esto legitima el rol del Estado en la potestad de fomentar leyes y regulaciones del espectro digital.

Por último, pero un aspecto no menor, la disputa geopolítica actual entre la unipolaridad de Estados Unidos y un mundo multipolar conducido por China y la propuesta de la Ruta de la Seda, atraviesa hasta el último rincón de la tierra y en especial la interna estadounidense.

Jeff Bezos, presidente de Amazon, fue uno de los voceros de la preocupación que vienen planteando varias corporaciones y políticos acerca de los negocios y el buen trato de Elon Musk con China, llegando a preguntarse si el Gobierno chino no acaba de ganar un poco de influencia sobre la plaza pública, a partir de la compra de Twitter por parte del magnate.

Esta pregunta se encuentra abierta y estará atravesada de negociaciones. Lo que sí es una realidad es que China es el segundo mercado de Tesla desde 2021.

telam

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