Diana Salcedo-WILPF Colombia «Las Mujeres en la Pandemia»

Te paso la voz, hermana” micro de media hora auspiciado por WILPF Argentina y Codehcom, en “Salir por Arriba”.

Diana Salcedo – Politóloga, Feminista antimilitarista, militante Derechos Humanos, Directora WILPF-Limpal Colombia – Las Mujeres en la Pandemia

Todos los días en este país amanecemos con noticias que nos agitan el alma, el corazón, la vida y nos hacen recordar por qué somos feministas, por qué somos defensoras de la vida y antimilitaristas.

Amanecemos hoy con una noticia bastante preocupante porque en la noche de ayer se ha hecho el primer partido de fútbol en Bogotá con público, luego de haber cerrado por el tema de la Pandemia con los protocolos de seguridad y en el intermedio del partido se ha presentado una situación violenta entre los hinchas y ha resultado hasta el momento tres personas heridas y otra aparentemente ha perdido la vida a partir de ese enfrentamiento en el partido.

La respuesta de la Dimayor, de la Federación de Fútbol del distrito, ha suspendido el partido por 15 minutos y volver a reanudarlo en medio de la sangre que está fotografiada, en medio de la confusión de la gente que estaba allí, en una tribuna donde había personas mayores a quienes les hacía mucha ilusión después de todo este tiempo a la tribuna; de niños, jóvenes. Esto simplemente refleja que esta sociedad colombiana que sigue permeada por los patrones militaristas, militarizados, evidentemente llega con este tipo de violencia a todos los escenarios. Cuando ustedes hablaban de Las Leonas, enhorabuena por el avance tan importante para las mujeres. Las mujeres debemos seguir ocupando los lugares machistas, violentos, para transformarlos, no para hacer lo mismo.

Esto refleja que la violencia también está marcada por todas estas condiciones de desigualdad, obviamente, pero que en los escenarios deportivos, como en este que estoy comentando, reflejan una condición de ser que está afectando el desarrollo de la sociedad. Es una crítica más estructural. No solamente por ser un partido de fútbol, en el cual la respuesta no debió ser continuar el partido, sino tal vez priorizar la vida por encima del balón.

WILPF Colombia

Somos hermanas de 57 más que estamos en el mundo trabajando por la construcción de Paz, transformación de las sociedades; en conflictos, pero también por la transformación, de la manera que las mujeres nos posicionamos frente a un escenario patriarcal, violento y militarizado.

WILPF Colombia tiene presencia hace 23 años ahora en agosto. Trabajamos acompañando a las mujeres constructoras de paz, defensoras de DDHH, a las víctimas del conflicto armado y también a las mujeres que han dejado las armas tras el proceso de diálogo, de paz, entre las FARC y el gobierno, en su momento, de Juan Manuel Santos. Por supuesto con niñas, adolescentes, y en un porcentaje más bajo con niños, jóvenes, hombres adultos en la transformación de estas masculinidades que están permeadas por este sistema que también afecta a los hombres, por supuesto que más a las mujeres.

Pueden encontrar materiales en nuestra página web de nuestro trabajo con niñxs y adolescentes: www.limpalcolombia.org.

Situación en Colombia

Quiero mencionar dos puntitos, para comprender lo que está sucediendo en Colombia con las Mujeres en medio de esta situación.

Para WILPF en Colombia, la pandemia no es leída como una situación ocasional. El problema que tenemos aquí es el sistema. No es la pandemia. No es lo que está pasando eventualmente con la pandemia sino es el sistema propio. El sistema capitalista, el sistema racista, el sistema violento que está afectando a las mujeres y que en este momento de pandemia incrementa y exacerba la situación de desigualdad estructural que tenemos las mujeres en Colombia.

Eso se muestra en dos aspectos. Uno el tema asociado al trabajo y otro el tema asociado a la violencia contra las mujeres en la pandemia como reflejo de lo que pasa en el sistema.

Las mujeres tenemos estructuralmente una precaria situación laboral. Somos las mujeres quienes estamos con las escalas salariales más bajas, en general, pero también porque las mujeres ocupamos los lugares más informales del trabajo. Espacios sin seguridad social, salud, pensión, acceso a derechos. Son los más limitados.

En ese sentido lo que la pandemia provoca es una profundización de esos problemas estructurales de disparidad entre hombres y mujeres y que refleja una marca identitaria distinta si vamos viendo qué tipo de mujeres y qué tipos de hombres.

Por supuesto no todas las mujeres estamos en esta dificultad estructural. Yo soy de las privilegiadas, que tiene un trabajo, una seguridad, un status, pero mis otras hermanas están en la calle pasándola mal, las mujeres en ejercicio de la prostitución; las mujeres asociadas a los cultivos; las mujeres que venden en los mercadillos todas quienes están sin ningún tipo de protección social en la pandemia la han llevado peor. No solamente por el hecho de no poder trabajar, confinada la gente a la casa, sino porque las condiciones han desmejorado no solamente por la pandemia sino por el fenómeno migratorio de las personas que vienen de Venezuela. Los escuchaba hablando al respecto. Colombia sigue impactado por esta inmigración venezolana. No estoy diciendo que esté mal. Digo que hay un impacto y no hay una respuesta suficiente del Estado colombiano, del gobierno para afrontar lo que significa la situación de miles de hermanos venezolanos en territorio colombiano. Eso ha significado también desigualdad, profundización de brechas entre quienes han estado en lo que se llama, se conoce como “pobreza extrema” y las personas que han llegado a Colombia.

Todo esto genera un ambiente de precarización laboral para quienes llegan y para quienes están y las mujeres son quienes llevan la peor parte. En el medio de esto, las mujeres en general deben seguir respondiendo por sus hogares, han tenido que salir a la calle a exponerse a altos niveles de contagio, porque por ejemplo, comprar un tapabocas no es un lujo en este momento, pero hay mujeres para quienes eso es imposible. Porque es comprar un tapabocas o una bolsa de leche para sus hijxs y por supuesto que vamos a priorizar la leche.

Diferentes análisis han mostrado cómo en Colombia y en América Latina en general, este momento de la pandemia ha incrementado las desigualdades. Tenemos informes de la OIT que muestran que en Colombia el año pasado ocurrió el peor desempeño del mercado laboral de las dos últimas décadas en el país para las mujeres. La situación puntual de las mujeres está dada por una falta de dinamismo de la economía en Colombia. No hay oportunidades para las mujeres. Las que hay son el servicio doméstico, que además sabemos es un foco de violencia contra las mujeres, que además está totalmente empobrecido y precarizado. Les pagan muy poco por este servicio y les exigen un montón de trabajo por ese dinero que les pagan, en condiciones donde deben enfrentar en muchos casos violencia por parte de sus patrones y en la mayoría de los casos deben asumir cosas que no están asociadas al trabajo doméstico, incluso favores sexuales a sus patrones.

Esta situación se refleja en estimaciones que han hecho otras organizaciones de mujeres y el Departamento Nacional de Estadísticas de Colombia que muestran cómo las mujeres dedicamos mucho más tiempo al cuidado y al trabajo doméstico no remunerado, trabajo que se supone está naturalizado porque nos levantamos todos los días, tendemos la cama y arreglamos la cocina antes de salir. Ese trabajo doméstico no remunerado para las mujeres implica 7 horas y 14 minutos diarios, y esto está relacionado con el promedio regional de América Latina, mientras que los hombres solo dedican tres horas y 24 minutos a ese cuidado y al trabajo doméstico no remunerado, que normalmente está relacionado en ayudar a la mujer.

Lo que hemos logrado con el Departamento Nacional de Estadística es que por lo menos ahora empiece a haber una conciencia de lo que significa la economía del cuidado todo este tiempo que las mujeres dedicamos a la reproducción de la vida y que por ahí no está contabilizado en muchos países donde no existe aún esa contabilidad, ese proceso sistemático de reconocer que las mujeres hacemos un montón de trabajo que permite se soporte la economía nacional.

Hace unos años había un informe que decía que en América Latina las mujeres podíamos aportar mucho más del Producto Bruto Interno de los países con el trabajo de cuidado y con el trabajo doméstico no remunerado que hacíamos. Si lo contabilizáramos, seguramente los países nos deberían un poco la vida, también, porque además de esto somos las tejedoras de la resistencia, somos las constructoras de paz y somos las que estamos haciendo oposición a la guerra y a la forma violenta de resolver los conflictos.

La Cepal acaba de sacar un informe donde nos dice que alrededor de 118 millones de mujeres latinoamericanas se encontraban en situación de pobreza en el 2020, año en el cual la pandemia fue más cruda. Eso implicó, frente al año anterior, 23 millones más de mujeres en situación de pobreza. Eso significa que en América Latina las mujeres estamos en condición estructural de pobreza frente a estados, a gobiernos retrógrados que siguen pensando que las políticas para las mujeres son ejercicio de autonomía económica donde las mujeres volvemos a las prácticas históricas de lo que se supone que debemos hacer: el restaurante, la cocinada, la tejida, la costura, que no estoy desmeritando pero que son roles estereotipados y solamente asignados a las mujeres, o el cuidado de la primera infancia. Pero seguimos estando en esa rueda de empobrecimiento en América Latina que es alarmante.

Interrupción voluntaria del embarazo en Colombia

Estamos a medio camino. Tenemos despenalización del aborto en tres causales: por posibilidad de pérdida de la vida de la madre; porque venga con enfermedad congénita el feto; porque el embarazo se haya producido por un caso de violencia sexual. Son los únicos tres casos en los cuales la Corte constitucional despenaliza el aborto. Sin embargo sabemos que hay muchos abortos que se producen en condiciones deplorables de seguridad, de salubridad y que evidentemente significan para muchas mujeres la pérdida de la vida.

Recientemente el Observatorio de Salud Pública y Epidemiología de la muy prestigiosa Universidad de Los Andes, ha dicho que la principal causa de muerte de mujeres deriva de la forma incorrecta y riesgosa en que se practican los abortos, y que en esas condiciones aumentaron el 50% para lo que va corriendo en el 2021, en relación al 2020, impactando principalmente a las mujeres indígenas, habitantes de zonas rurales y mujeres que están en condiciones de mayor vulnerabilidad. Es decir, las pobres de las que estábamos hablando son quienes están perdiendo la vida por interrupciones voluntarias del embarazo en condiciones de no salubridad, por un Estado que no despenaliza el aborto.

La situación actual de la calle en Colombia

La situación en la calle ha parado bastante por la represión estatal a las manifestaciones, sin embargo seguimos estando en una situación de paro permanente. Es tensionante en las calles, a pesar que la gente está en su vida normal, seguimos teniendo el impacto de las fuerzas militares y de las fuerzas policiales en los espacios de primera línea. Hay criminalización de quienes están en esa línea. Se está haciendo normal el hecho de que estemos en situación de paro. El gobierno hace como que no está pasando nada, la policía incursiona en estos lugares donde están los puntos nodales del paro y el Comité del paro simplemente redujo su vocería, aparentemente no negoció con el gobierno pero no hubo una respuesta efectiva. Seguimos en el mismo estado de zozobra porque no hay una respuesta real, estructural del gobierno, pero tampoco desde la sociedad civil se está haciendo una respuesta argumentada. Estamos en un tema de agitación en las calles, que está afectando sin dudas a muchas personas.

Mensaje a las Mujeres

Lo que expreso es el reflejo de todo lo conversado con miles de mujeres en Colombia y simplemente transmito su voz para que se conozca lo que hacemos en este país por reconstruir este mundo para que vivamos en condiciones más dignas.

Las mujeres juntas somos más fuertes efectivamente para hacerle frente a este sistema de dominación que afecta a los hombres, a las mujeres, y a todas las personas con género no binario. Requiere rebeldía, resistencia, y también fuerza colectiva en todos los lugares donde estemos.

María "Pocha" Pagano

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