Las dicotomías que no sirven y la construcción política que necesitamos

Frente a las críticas al gobierno nacional provenientes desde sectores internos del Frente de Todos (FdT), lo constructivo —plantea Fumagalli— es encontrar formas de debate cuyas conclusiones puedan ser consensuadas y sirvan de base para una acción política en común que favorezca el cumplimiento de los objetivos centrales de nuestro gobierno: reactivar la economía, generar empleo, redistribuir los ingresos y reducir la pobreza.

A un año y dos meses de iniciado nuestro gobierno y a casi un año del primer caso de COVID-19 detectado en nuestro país arrecian las críticas opositoras y los debates internos en el FdT.[i]

No me voy a detener en el análisis de las críticas opositoras. Algunas pocas legítimas de su rol, como los reclamos ante idas y vueltas en algunas decisiones gubernamentales y los errores no forzados de comunicación. La gran mayoría ilegítimas, dirigidas exclusivamente a socavar e intentar poner fin a un gobierno elegido democráticamente, inclusive mediante operaciones al borde de la legalidad en tanto atentan contra la salud pública, sembrando dudas sobre la efectividad de las medidas sanitarias adoptadas sobre bases científicas y sobre la efectividad de las vacunas y los planes de vacunación que encara nuestro gobierno.[ii]

Por el contrario, quiero detenerme a reflexionar y a propiciar un intercambio constructivo sobre algunas dicotomías que parecen impregnar los conflictos que vienen creciendo al interior del Frente de Todos y los debates que estos suscitan.

Lo constructivo y lo destructivo

Parto de la base de que nuestro gobierno está constituido a partir del triunfo electoral de un frente en el que confluyen diferentes fuerzas políticas, cada una con su visión, sus matices ideológicos y sus prioridades, donde además el PJ, principal partido integrante del FdT, es a su vez parte del movimiento peronista en que también confluyen las ramas sindical, de la juventud y la femenina. También parto de la certeza acerca de la necesidad imprescindible de mantener la unidad de acción del FdT, única forma de asegurar el éxito de nuestro gobierno y de los que deseamos que lo sucedan.

Entiendo también que entre compañeros no hay intenciones de atacar o desgastar a nuestro gobierno, sino críticas ante algunas debilidades y medidas que esos compañeros, muchos de ellos con un comprobado ejercicio de la militancia, no creen convenientes o acertadas.

En ese marco es natural que existan conflictos pero no que existan antagonismos[iii], que sólo servirían para debilitar e incluso para dividir al FdT, haciendo el juego a nuestros adversarios. El antagonismo es lo destructivo y el límite que no debemos traspasar en nuestros debates.

Lo constructivo es encontrar formas de debate cuyas conclusiones puedan ser consensuadas y que sirvan de base para construir acuerdos para una acción política en común que favorezca el cumplimiento de los objetivos centrales de nuestro gobierno: reactivar la economía, generar empleo, redistribuir los ingresos y reducir la pobreza.

Siguiendo a Jorge Alemán, los conflictos y las críticas que estos generan deberían tener un espacio, una metodología y un momento propicio para construir las mediaciones imprescindibles para establecer los acuerdos que mencioné más arriba. Con esa misma finalidad las críticas no deben limitarse a la mera enunciación de posturas personales, sectoriales o partidarias, sino que también requieren del acompañamiento de propuestas destinadas a superar las limitaciones que se señalan; propuestas que deberían ser analizadas con la cabeza fría en función de su viabilidad y del balance del poder que requiere su instrumentación. Por último, el manejo de las críticas debe incluir a todos los niveles de la militancia, persiguiendo la construcción de un mayor compromiso colectivo ante los desafíos que enfrenta nuestro gobierno. Que no son pocos.

Lo deseable versus lo posible

El deseo es lo que nos mueve y lo posible lo que nos limita.

Como militantes políticos deberíamos ser capaces de equilibrar esas dos tensiones, sin renunciar a la audacia que requiere imaginar nuestras mejores utopías ni al realismo que nos permite avanzar en modo efectivo hacia la concreción de nuestros objetivos.

Alcanzar esos equilibrios no es fácil. Buena parte de las críticas y los debates que estamos viviendo al interior del FdT giran sobre cuál es el punto de equilibrio entre esas dos tensiones.

Lo vemos en los conflictos entre las posiciones generadas a partir del proyecto de las granjas de cerdos chinas: 35 megagranjas de 10.000 madres versus 3.500 granjas de 100 madres. Una enorme y completamente falsa dicotomía, toda vez que necesitamos de los grandes inversores para concretar la primera opción para poder aliviar nuestra recurrente escasez de divisas, a la vez que es políticamente deseable y nada nos impide diseñar en simultáneo políticas de apoyo a pequeños y medianos productores para que lleven adelante la segunda opción.

También lo vemos en los debates sobre la agricultura familiar y las producciones artesanales versus la agricultura intensiva y la industrialización de escala internacionalmente competitiva.[iv] Las primeras políticamente muy deseables, las segundas más que necesarias, imprescindibles. Nuevamente una falsa dicotomía, nada impide propiciar el desarrollo de la agricultura familiar y las producciones artesanales, mientras en simultáneo se negocian condiciones para el desarrollo de las segundas en un modo acorde con los intereses y las necesidades nacionales.

Algo parecido parece estar ocurriendo con otros conflictos, como los que se vienen planteando entre la salida al mar mediante la construcción del nuevo canal Magdalena y la mejora del existente canal Emilio Mitre.

Desarrollismo versus ambientalismo

La del título es otra falsa antinomia que se viene observando en muchas de las posturas y los intercambios que se verifican en los conflictos que nos ocupan.

Aplican especialmente a los temas que hacen al tema del desarrollo productivo y a los proyectos de inversión que se vienen considerando con esa finalidad. Desde las granjas chinas; las represas Néstor Kirchner (antes Cóndor Cliff) y Jorge Cepernik (antes Barrancosa) sobre el río Santa Cruz; la megaminería; la producción de hidrocarburos, en especial mediante el fracking; la explotación pesquera; la producción agropecuaria y forestal y cualquier otro tema relativo a la producción.

Se trata de no utilizar estas contradicciones para fundamentar posturas en favor o en contra de distintas alternativas o proyectos de inversión. Por el contrario se trata de encontrar el necesario equilibrio entre el menor impacto ambiental que sea posible en las distintas actividades y proyectos productivos, que todos tienen en mayor o menor grado, y el impacto ambiental oculto, pero de gran e insospechada dimensión, que genera el subdesarrollo y que multiplican la pobreza y la indigencia.

La construcción política que necesitamos

En primer término esa construcción requiere de la predisposición y varios compromisos, así como de instancias y reglas adoptadas de común acuerdo entre todos los que participamos y los que quieran unirse.

Esos compromisos, además de la disposición necesaria para participar de la construcción política, incluyen la comprensión y la aceptación de que nadie es propietario de la verdad absoluta, si es que esta existe, sino que la verdad es una construcción política compuesta desde diversos puntos de vista, ideales, percepciones de la realidad y de lo deseable.

A partir de esa aceptación, necesitamos, y me incluyo, de un firme compromiso y disponibilidad efectiva para escuchar a todas las voces y para contribuir a partir de esa escucha a sintetizar las distintas posiciones y construir los necesarios consensos.

Quedaríamos así en condiciones de pasar a la etapa de elaboración de las propuestas de acción política propiamente dichas. Escribirlo parece fácil, pero en la realidad efectiva requiere de una gran voluntad y un esfuerzo personal de todas y todos los participantes.

La disponibilidad de instancias es otro de los requisitos que creo indispensables; pueden ser reuniones presenciales o virtuales de todos los participantes o de distintos grupos que posteriormente unifiquen sus posiciones. Lo importante es que esas instancias habiliten la mayor y más amplia participación y que contemplen la posibilidad de agregar las opiniones y posiciones de los que no pudieron participar en forma directa. Cuanto mayor participación logremos, mayor será el sustento, la representatividad y la fortaleza de nuestra construcción.

Queda la cuestión de las reglas o modalidades que se adopten para trabajar. Lo primero es lograr una clara definición del tema que se tratará; lo más efectivo sería partir de una presentación sobre el tema elegido que sea luego debatida y permita construir un consenso de todos los participantes respecto del tema en tratamiento. Entre las cuestiones que deberían ser regladas figura la duración de cada sesión, quién actuará como moderador del debate, quién tomará las notas que darán lugar a una minuta que resuma las posiciones y los acuerdos que se alcancen.

En lo posible es conveniente designar un relator a quien se encargará hacer una presentación inicial del tema que se tratará y de los objetivos que se perseguirán en cada sesión; esta última designación debe realizarse en modo previo a cada encuentro, en modo que el relator disponga el tiempo necesario como para estudiar los antecedentes y estructurar la presentación que de el puntapié inicial al proceso.

Antes de finalizar, creo conveniente tomar en cuenta algunas reflexiones generales sobre las finalidades y los destinatarios de nuestras construcciones políticas, tal como las publicadas por Ernesto Villanueva,[v] un destacado militante además de rector de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.

En su trabajo Ernesto plantea la inconveniencia de atacar a la oposición por temas triviales, tales como las disquisiciones de Carrió o la reposera de Macri, en tanto ese ataque rebaja nuestro discurso al nivel de infantilización de la opinión pública que pretenden el macrismo y sus aliados de los medios concentrados. En contrapartida parece más constructivo concentrar nuestras propuestas en refuerzo y el impulso de los grandes ejes de políticas que lleva adelante nuestro gobierno, tales como la necesidad establecer de un nuevo acuerdo nacional como base del desarrollo político y social de largo plazo; solucionar las restricciones externas; reactivar la economía, generar empleo, redistribuir la riqueza; mejorar la administración de la justicia y los sistemas de salud; entre otros.

Mucho agradeceré cualquier comentario que envíen a mi correo (josemafumagalli@gmail.com) para mejorar estas reflexiones que elaboré con el fin de contribuir al mejor intercambio ideas y la más productiva construcción política que necesitamos para llevar adelante nuestras propuestas y alcanzar nuestros más ambiciosos ideales.

Notas al pie de página

[i] Las reflexiones que siguen fueron escritas originalmente como presentación inicial de la primera reunión 2021 de la UB Virtual Redes y Paredes de la Comisión de Desarrollo Productivo del Instituto Patria. Pueden ser difundidas y utilizadas por todas y todos que las consideren de utilidad para sus propios encuentros.

[ii] Ver los consejos de Mauricio Macri a Alberto Fernández para que «deje morir a todos los que tienen que morir»; consejos que si bien fueron formalmente desmentidos, se confirman mediante las posturas de Cambiemos, que cuentan con la complicidad de los medios de comunicación concentrados.

[iii] Las críticas al Frente de Todos, por Jorge Alemán, Página/12.

[iv] Un peronista en vaca de todo. Entrevista con Gabriel Delgado de la revista Crisis.

[v] Debates necesarios en nuestra Argentina, por Ernesto Villanueva.

José M. Fumagalli
José M. Fumagalli

Coordinador de la Comisión de Desarrollo Productivo, Industrial, Agroforestal y Pesquero del Instituto Patria. Vicepresidente de la Asociación Argentina de Ingenieros Químicos.

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