La ley que reconoció nuestro derecho

El 30 de diciembre de 2020, el Senado argentino finalizó el debate y aprobó la Ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, marcando un nuevo hito en la larga batalla que libramos las mujeres y diversidades en todo el mundo por el reconocimiento de nuestros derechos inherentes e igualitarios.

Cuando parece imposible establecer consensos básicos en torno a lineamientos comunes para afrontar la crisis, las mujeres  demostramos en un ámbito político por excelencia como es el Congreso que es posible superar las diferencias ideológicas, políticas, económicas y de clase en torno a un eje común. En ese sentido, es una experiencia que bien puede y debe ser mirada por la totalidad de los actores sociales, políticos y económicos.

Las luchas feministas en nuestro país se caracterizan —con sus tintes locales— por su transversalidad y territorialidad, por su conformación movimientista, sin reconocer más liderazgos que nuestras propias fuerzas y la empatía que generamos en la sociedad.

Pueden haber internas y disidencias pero no hay grietas en el colectivo verde, sabemos cuáles son los objetivos que nos unen, estamos dispuestas a discutir y a generar alternativas, contemplar situaciones, características regionales y locales, necesidad de incluir a grupos diversos, podemos a veces equivocarnos en iniciativas, tiempos y tácticas pero tenemos en claro cuál es nuestro objetivo principal.

Sabemos que el aborto legal y su reglamentación no estarán libres de altibajos. No va a ser fácil su implementación: garantizar presupuesto en todo los sectores de salud; en las distintas regiones del país; en las provincias más conservadoras; en las poblaciones indígenas; en aquellos lugares que tienen protocolos para la interrupción legal del embarazo previos a la ley sancionada y otros que no. Habrá que lidiar con los objetores de conciencia, profesionales que no están dispuestos a realizar los abortos y el control sobre su derivación obligatoria y con sanciones a otros centros de salud u efectores. Sin duda, muchos son los desafíos vinculados con el  desigual diseño del sistema de salud en nuestro país. Pero estamos dispuestas a enfrentarlos y encararlos.

Participamos de este movimiento potente mujeres mayores y jóvenes acompañadas cada vez más por hombres decididos a derribar un sistema patriarcal y punitivista que nos afecta a todxs como sociedad.

También sabemos y somos conscientes que somos poseedoras de un sistema de valores, que afectamos a las viejas estructuras de la partidocracia liberal, así como a la de grupos políticos de todo signo, agrupaciones progresistas, sindicales y organizaciones sociales. El movimiento feminista atraviesa todas las ideologías, también se identifica fuera de lo partidario porque engloba a todas las «rebeldes» de diferentes clases sociales que no se dejaron someter. Recorre, interpela, increpa y sacude a todos los eslabones de la sociedad de punta a punta.

«Porque el feminismo es política, aunque haya quienes no quieran verlo», así lo señala Giselle Aronson. En su nota El Feminismo como Política publicada en Socompa el 31 de diciembre de 2020, un día después de aprobada en la Argentina la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, recuerda que de joven no tenía la menor idea de lo que pasaba en las cámaras de Diputados y Senadores y que la palabra «aborto» no se pronunciaba y solo en secreto algunas sabíamos que en caso de necesitarlo, podíamos llegar a encontrar algún médico que nos lo practicara.

Cuenta que hoy tiene dos hijas de diecisiete y veintidós años que saben que hay dos cámaras, conocen los edificios que las alojan y han estado en las calles y participado en el seguimiento de sus debates.

El movimiento feminista en la actualidad está enraizado en todos los sectores de nuestra comunidad: forma organizaciones, colectivos, movimientos, campañas, agrupaciones, congresos, debates. Se desarrolla y trabaja en ámbitos educativos, políticos, culturales, artísticos, laborales, económicos, sociales, terapéuticos, deportivos, académicos, científicos. Ocupa espacios de poder desde lo más jerárquico a lo más doméstico.

Su trabajo es transversal y territorial: no hay cúpulas y en cada zona de nuestro suelo existe algún tipo de agrupación que ofrece sus espacios. Busca transformar la realidad, mejorarla. Trabaja por lx otrx, es inclusivo y diverso, heterogéneo y amplio. Por todo esto el feminismo es política, concluye Aronson.

En el feminismo hubo un traspaso, un recambio generacional. Aquellas que iniciamos nuestra vida política a fines de los ´60 y comienzos de los setenta, nos reconocemos en los combates de nuestro pueblo, en las compañeras desaparecidas, en las presas, en las exiliadas, en las mujeres asesinadas, violadas, golpeadas y discriminadas, nos sentimos parte de la lucha de las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo, sabemos que somos la continuidad de todas las pioneras que nos precedieron, «de la brujas que no pudieron quemar», de las obreras que pelearon en las fábricas por jornadas de trabajo y sueldos dignos, de aquellas consiguieron el voto femenino, los dispositivos para el control de la natalidad, el divorcio y todas esas medidas que calaron fuerte y produjeron —y siguen produciendo— cambios profundos en nuestras sociedades.

Nos sentíamos rebeldes y dispuestas a todo al igual que nuestros compañeros y, sin embargo, entonces y aun en la tarea militante, todo nos costó el doble.

Hoy la situación es distinta, la ley se ganó en la calle, en la lucha, con la consciencia, la insistencia, el increíble fervor y la apropiación de esta gesta y su puesta en práctica por parte de las jóvenes. Esas chicas que poblaron de pañuelos verdes los subtes, los colectivos, las fábricas, los colegios, las universidades, los barrios. Que se sintieron hermanadas con aquellas mujeres que sostienen las ollas populares en las villas, las otras que manejan los comedores populares, las que construyen refugios, las que son la columna vertebral y sostén en cooperativas, fábricas recuperadas y organizaciones comunitarias y las que fueron y son primera línea de combate contra el coronavirus.

Sylvia Schulein
Sylvia Schulein

Feminista y periodista, integrante de Codehcom.

4 thoughts on “La ley que reconoció nuestro derecho”

  1. Excelente el punto de vista desde donde mira Silvia Suleim en este artículo, la forma en que contextualiza la actual lucha feminista.

  2. Un artículo de alto nivel conceptual e histórico, reconociendo al movimiento feminista como una «nueva política» .
    El feminismo tiene mucho para enseñar, con una mirada no opresiva de las relaciones sociales, una visión inclusiva y cuidadora de la vida especialmente en estos momentos donde el Covid cataliza las relaciones de inequidad en todo el planeta.
    Gracias Silvia por tu mirada profunda y esclarecedora.

  3. Excelente trabajo! En nuestro país, y posiblemente en muchos otros, el movimiento feminista adquirió un carácter revolucionario y transversal que, como bien dice Sylvia «debe ser mirado por la totalidad de los actores sociales, políticos y económicos».
    Sólo agregaría que su horizontalidad y su unidad en torno a objetivos comunes, debería ser imitado por otros movimientos progresistas para enfrentar la crisis que estamos viviendo.

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