Sin espacio para la verdad: Los medios hegemónicos producen sentido desde sus «propios hechos»

En el marco del agotamiento del potencial progresista de la tradición liberal, que solo puede ofrecer a la sociedad un individualismo autoritario, la producción de sentido sobre la base de noticas falsas (fake news) [i] y la instrumentalización de la Justicia (lawfare) [ii] por los monopolios de la comunicación y las TIC deja en evidencia que la función central de éstos se reduce a legitimar los privilegios de los poderosos, sin importar cómo.

 

«Todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión pero no sus propios hechos (…) pero en el actual Estados Unidos muchas personas creen tener derecho a tener sus propios hechos.»

Paul Krugman[iii]

 

«Mientras no resolvamos la cuestión mediática América latina no tendrá democracia ni desarrollo.»

Rafael Correa[iv]

 

Hace tiempo que los medios masivos dejaron de ser de comunicación para transformarse en medios de difusión de sus propios mensajes y contenidos y así satisfacer de manera ilusoria la necesidad de información de la gente. Hoy los medios hegemónicos son o forman parte de grandes conglomerados empresarios regidos por el imperativo del lucro en detrimento del servicio público. Son actores políticos que, además de legitimar el discurso neoliberal maquillado de sentido común,[v] coordinan el funcionamiento de los llamados factores de poder para influir en la toma de decisiones políticas de los gobiernos, los legisladores y los jueces.

En su rol de actores políticos, los medios hegemónicos pugnan por establecer la agenda de discusión y preocupación de la sociedad y condicionar la esfera pública[vi] a fin de consolidar los intereses del establishment y definir qué dirigentes circulan y cuáles no y qué discursos son promovidos, destruidos o entorpecidos, además de invisibilizar los problemas de amplios sectores de la sociedad. En otras palabras, la tarea del dispositivo comunicacional de masas es someter al gobierno —en particular cuando éste no es del signo neoliberal— a un conjunto de presiones que lo debiliten e inmovilicen, además de agobiar a sus dirigentes. En conjunto, estas acciones apuntan a separarlos de su base social y, de ser necesario, crear escenarios destituyentes que promuevan los denominados «golpes blandos».

Ahora bien, para alcanzar esos objetivos resulta insuficiente decirle a la gente  «sobre qué pensar» y fijar la agenda (McCombs y Shaw, 1972). Además es preciso suministrar «marcos interpretativos» que digan cómo pensar; vale decir, incidir en el proceso de recepción y apropiación de los mensajes, recurriendo incluso a sustituir la realidad por la ficción combinando recursos tramposos como las noticias falsas y la judicialización de la política con apenas impresiones subjetivas.

Hoy, pandemia mediante, la credibilidad de la fe neoliberal en la desregulación de mercados como forma de alcanzar la prosperidad compartida está en terapia intensiva. La necesidad de manipular la opinión, con desprecio de los hechos o la evidencia científica, persigue un fin: asegurar los privilegios de las clases dominantes y ocultar que el capitalismo en su versión neoliberal nos lleva a un callejón sin salida.

El impacto de las políticas neoliberales son hechos tan contundentes o irrefutables que la respuesta de la prensa hegemónica es ocultarlos mediante la construcción de una realidad alterna en la cual los hechos de la realidad real no estorben o desmientan las promesas que, desde hace 40 años, viene prometiendo el neoliberalismo. Las palabras entonces se vacían de contenido y la ficción sustituye a la realidad. De manera explícita y subliminal, el poderoso dispositivo comunicacional busca acorralar las conciencias; o sea, anular la capacidad reflexiva y crítica acerca de las causas de los problemas que nos aquejan. Para ello, divide y fragmenta, confunde, induce al miedo y detona odio. Eso explica la «dieta» informativa a la que están sometidos los argentinos en la que se mezcla periodismo, noticias falsas y ficción.

Creando realidad

La práctica de los medios concentrados de producir sentido «desde sus propios hechos» y reproducir información sin verificar[vii] su veracidad o, al menos, su verosimilitud, se inscribe en la tradición iniciada a principios del siglo xx por los teóricos norteamericanos del marketing y la propaganda.[viii] En la Argentina, el uso de estas «técnicas» no son una novedad, pero su uso sistemático y a gran escala coincide con el inicio del gobierno de Mauricio Macri en diciembre de 2015.

En efecto, desde el comienzo de la gestión de Macri el neoliberalismo entendió que el triunfo electoral por sí mismo no aseguraba la restauración conservadora. Para ello había que infringirle al kirchnerismo una derrota política de una amplitud tal que inhibiera la capacidad de cuestionamiento y organización de los sectores de la sociedad que serían afectados por la vuelta al patrón de acumulación basado en la valorización financiera. Con ese fin, Macri creó una verdadera estructura subterránea, financiada con fondos públicos, integrada por algunos medios periodísticos, cierto sector de Poder Judicial y los servicios de inteligencia. Subordinados a la Casa Rosada, el objetivo de esta «triple alianza» era eliminar mediante procedimientos de apariencia legal —que comenzaban con la difusión de notas falsas, reportajes y pseudoinvestigaciones— la posibilidad que Cristina Fernández de Kirchner (CFK) liderara la oposición a la restauración liberal. Fue así como surgió la causa «de los cuadernos», la imágenes de las excavadoras buscando en la Patagonia los dos PBI que se «robó» el kirchnerismo, el juicio por la obra pública, el hostigamiento fiscal y tantos otros litigios e historia inventadas y fogoneadas día tras día por el flujo comunicacional continuo de la corporación mediática.

A partir de la llegada del Frente de Todos al Gobierno los medios hegemónicos pasaron a trabajar en la reorganización del discurso opositor. En ese marco, engendraron la ficción de la incompatibilidad entre el kirchnerismo y la democracia. Sin ningún rigor y lanzados a la ficción, los «periodistas independientes de los medios hegemónicos»  concluyen que el kirchnerismo no es un componente de la democracia republicana y que, desde dentro de la democracia, conspira contra aquella.

Desde el 10 de diciembre en adelante, el mecanismo por el cual los medios buscan debilitar al Gobierno y especialmente al Presidente sigue distintas «líneas narrativas» en las que, por supuesto, CFK, de una u otra manera, siempre tiene el papel estelar, obviamente como la malvada de la historia. De movida, Joaquín Morales Solá se preguntaba quién ejerce la jefatura de Estado; en tanto Edgardo Van der Kooy decía que el Instituto Patria funciona como una Casa Rosada paralela. A quien quiera hacer un seguimiento pormenorizado de estas construcciones le recomendamos visitar el sitio de Comuna, en el apartado Operetas.

En esta línea narrativa, a fines de septiembre, Joaquín Morales Solá llegó a afirmar que Cristina controla a los senadores del Frente sólo con su mirada. Es decir, sin necesidad de hablar suprime el discurso político o solo queda lo que ella piensa. Y Pablo Sirvén dijo que Alberto Fernández «es el traductor atemperado en que se convirtió finalmente la garganta presidencial». De ese modo, con cierto desprecio explícito por la figura republicana del jefe de Estado, se reduce al Presidente a una boca que reproduce otra voz que no es la de él. Estamos ante un cuerpo vaciado y ocupado y, por lo tanto, en tensión con el escenario electoral que lo votó y le dio legitimidad. Alberto Fernández es un médium. Entonces, si el cuerpo presidencial se transformó o ha sido ocupado por otro, ¿es o no es el que fue elegido en elecciones hace doce meses atrás?

La intención de disolver la figura del Presidente en la figura de la Vicepresidenta muestra otra intención de los medios hegemónicos: construir anticipadamente los escenarios electorales. Sí, como señala Daniel Rosso en su columna radial,[ix] Alberto se mimetiza con Cristina, entonces se produce la vacancia de una parte del electorado del Frente de Todos que puede migrar hacia la oposición. En otras palabras, es una operación para recapturar una parte de los sectores medios que migraron al Frente de Todos tras el perfil moderado del Presidente. Si Alberto es Cristina, si ambas figuras se mimetizan, el Frente de Todos pierde su diversidad y, entonces, el Presidente pierde parte de su caudal electoral que queda reducido al de la Vicepresidenta. «La mimetización del conglomerado opositor a uno de sus miembros es la reducción del caudal electoral a ese único integrante», concluye Rosso.

Siempre organizadas a partir de una matriz que desvincula los hechos de un contexto determinado, todas las semanas aparece alguna operación que apunta a desgastar y aislar al gobierno de su base social o a generar climas destituyentes. Que las empresas multinacionales abandonan el país, que el ministro Martín Guzmán es un pasante que no sabe negociar con los acreedores, etcétera. Por supuesto, silencio stampa cuando los hechos ponen al descubierto la falsedad de tales afirmaciones.

Las operaciones mediáticas también recurren a procesos de semantización (otorgamiento de significado). El ejemplo más claro es nombrar como «comunismo»  todo lo que no sea el liberalismo más extremo. Es decir, usan «comunismo» como etiqueta para cualquier tipo de política que limite de cualquier manera el libre mercado.

Otra variante al de un inexistente comunismo es el rechazo de aquellos que afirman, amplificada a la enésima por los medios, que la epidemia es un invento de políticos y científicos, o que el virus no representa ningún peligro. «Pero lo interesante es que el negacionismo frente a la evidencia científica va más allá de su objeto de turno: no descreen de este coronavirus en particular, sino de los saberes que lo descubrieron. Más allá de las convocatorias puntuales, cuestiona la legitimidad de la cuarentena, niega el saber científico e instala que el COVID-19 es una excusa para el autoritarismo populista».[x]

Otra línea que despliegan los «periodistas independientes del dispositivo hegemónico» es que la unidad amplia y diversa expresada por el Frente de Todos está dominado por el kirchnerismo, reduciendo el conjunto de las partes a una sola de ellas, previamente estigmatizada.

Al respecto, y como también ha señalado Rosso, la metonimia es otro recurso a la que recurren los medios hegemónicos[xi] para crear realidad. Así, la unidad amplia y diversa expresada por el Frente de Todos es sustituida por «el kirchnerismo», el kirchnerismo por «La Cámpora» y ésta por «el chavismo». De esta manera se intenta asociar el Frente de Todos con los atributos negativos (soberbia, prepotencia, violencia, autoritarismo, corrupción, sustracción de las libertades y de los derechos individuales) de las identidades demonizadas que lo van sustituyendo en la cadena.

Conclusión

Intentando una síntesis, podemos decir que los criterios de los medios hegemónicos para producir contenidos obedecen cada vez más a una retórica performativa (discursos que fabrican hechos o situaciones) que no tienen por objeto transmitir información sino actuar sobre las emociones y los estados de ánimo de los ciudadanos, que son considerados cada vez más como público de un espectáculo. La finalidad, como ya dijimos, preservar los intereses del establishment. El flujo continuo de información en radios, canales de televisión, cable, plataformas en Internet y redes sociales de los monopolios, en alianza con un sector de la Justicia, hace luego la «magia» que permite instalar sus propios hechos como si fueran verdaderos desde un enfoque anecdótico de los acontecimientos, en blanco y negro, énfasis que, por supuesto, contribuye a enturbiar las fronteras en la realidad y la ficción. Dia y noche los medios hegemónicos, en los que no hay espacio para la verdad, martillan con argumentos que proponen a la audiencia como si fueran verdaderos.

A esto es preciso agregar que la facilidad de los medios hegemónicos para instalar los tema de la agenda pública y sus marcos interpretativos también tiene que ver con la ausencia de políticas gubernamentales de comunicación orientadas a la construcción de un modelo de comunicación inclusivo y democrático, con distribución efectiva de recursos a favor de los sectores populares. Por cierto, una tarea pendiente de la democracia.

Para terminar, vale la pena recordar a Noam Chomsky cuando dice que «el propósito de los medios masivos no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo con las agendas del poder corporativo dominante».

Post scriptum

Ya había publicado esta nota cuando Nestor Piccone —recién llegado de Venezuela, adonde viajó para actuar como veedor electoral por la Internacional Progresista (IP) en los comicios legislativos del 6 de diciembre— me contó que Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela designado por Washington, se negó a ser candidato y que, preso de una realidad autoconstruida, lanzó sin ningún tipo de veedurías una incomprobable consulta popular por Internet, correo y presencial que duró cinco días. El viernes 18 de diciembre, frente a las cámaras de CNN, dijo que el pueblo lo había ungido con el 30 % de los votos y se autoproclamó titular de la Asamblea Legislativa. Además, exigía a los gobiernos de Argentina y México que lo apoyaran. Sin duda, se trata de un claro ejemplo de cómo se construye realidad desde hechos totalmente inventados y forzados que adquieren «realidad» por el martilleo de las grandes cadenas informativas a sus audiencias.

Notas

[i] Contenido pseudoperiodístico cuyo objetivo es básicamente desinformar.

[ii]Atacar oponentes políticos utilizando de manera indebida procedimientos legales para dar así apariencia de legalidad.

[iii] En Contra los zombis (2020).

[iv]Rafael Correa: «Para algunos, la democracia es válida sólo cuando ganan las elecciones», entrevista con el expresidente de Ecuador de Cynthia García en Página/12.

[v] El sentido común es aquello que la gente cree que es razonable sin razonarlo.

[vi]La esfera pública es el ámbito de relacionamiento de las dirigencia políticas, sociales y culturales y la sociedad; básicamente, el espacio de la política en el que confluye información, comunicación, argumentos y razonamientos relacionados con las cuestiones sociales y su solución.

[vii]Se trata de acciones simples, como verificar el origen de la fuente de información; contrastar la información con datos y hechos concretos; consultar al protagonista y verificar la información; buscar otras fuentes de información, incluidas estadísticas, información académica y de especialistas.

[viii] La propaganda es una acción o un conjunto de acciones cuyo objetivo es transmitir contenidos políticos o ideológicos utilizando técnicas de manipulación  y siguiendo distintos modos de difusión. En cuanto a las técnicas de manipulación, se trata de estrategias para esquivar el filtro racional y afectar la conducta, como jugar con sentimientos y emociones, simplificar un mensaje con afirmaciones rotundas, utilizar y reforzar estereotipos, etcétera.

[ix] Volver a las fuentes, radio 990.

[x] Ezequiel Adamovsky, La rebelión contra la evidencia, revista Anfibia.

[xi] La metonimia es una operación retórica por la que se nombra una cosa con el nombre de otra. Ejemplos clásicos de metonimia son las canas por la vejez, el laurel por la gloria o el acero por la espada.

Una versión más corta de esta nota, pero titulada La producción de hechos y sentido de los medios hegemónicos, fue publicada por el matutino Página/12 el 12 de enero de 2021.

 

 

 

Marcelo Valente
Marcelo Valente

Comunicador. Miembro de la redacción de Infogei. Coordinador General de Comunicación Institucional del Senasa (2004-2013), jefe de Prensa de la Secretaría de Ambiente de la Nación (2003-2004), director provincial de Prensa del Ministerio de seguridad de la Provincia de Buenos Aires (1996-1998). Integrante de Codehcom.

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