El individualismo también mata

El individualismo se opone al ejercicio de la política entendida como una práctica de construcción colectiva que admite la diversidad de miradas. Y concibe la libertad como un derecho privado, al margen de los contextos y de las condiciones.

La pandemia no cambió el mundo, pero corrió muchos velos y puso al descubierto los verdaderos motivos que mueven a determinados actores sociales. «Cuidarte es cuidarnos» es uno de los lemas a los que recurrió el Gobierno para invocar a la solidaridad colectiva. Una manera de apelar a lo colectivo, a la corresponsabilidad social, por encima del individualismo que aflora en múltiples manifestaciones. En las calles, pero también y sobre todo en los medios de comunicación. Porque así como la solidaridad está a flor de piel y mueve tantísimas iniciativas, también está presente el individualismo entendido como la actitud que impulsa al sujeto a actuar solo guiado por sus propios criterios e intereses personales y con total prescindencia de las determinaciones sociales.

Puede decirse que el individualista, quien actúa como tal, pierde la capacidad de pensarse como sujeto social articulado en el marco de una comunidad con la que se vincula, a la que condiciona y por la que es a su vez condicionado. Así entendido, el primero y el único criterio aceptable es el propio, por encima, al margen o con exclusión, de aquello que la comunidad o la sociedad dictamine. Es una sobrevaloración del sujeto que no atiende a los vínculos comunitarios y que, como resultado, se asienta en la auto referencia que conduce inevitablemente hacia la indiferencia respecto de todos quienes lo rodean.

Esta concepción del individualismo se opone al ejercicio de la política entendida como una práctica de construcción colectiva que admite la diversidad de miradas. Es la destrucción de la política. Porque «no me da nada o porque «se roba todo». Y concibe la libertad como un derecho privado, al margen de los contextos y de las condiciones. Visto así el individualismo no es un grito de libertad, sino una manifestación de egoísmo que busca la realización inmediata de intereses privados y particulares, sin atender demasiado al mediano y largo plazo, entre otros motivos porque en ese horizonte entran a jugar factores y actores que el sujeto no puede gobernar y que presuntamente restringen su libertad. Solo hay auto referencia y ciega creencia en las propias capacidades y virtudes. «Nadie mejor que yo me puede decir qué es lo mejor para mí y lo que tengo que hacer». La versión individualista de la sociedad moderna capitalista, conspira y representa un obstáculo importante para la puesta en práctica de los derechos humanos y de la misma democracia. «Nadie me va a dar lo que yo no consiga por mi propio mérito y esfuerzo».

¿A qué viene todo esto?

Hemos asistido como sociedad a manifestaciones públicas de protesta argumentando que las decisiones de política sanitaria indicando aislamiento social, preventivo y obligatorio coartan el derecho a la libertad. Manifiestan en nombre de la libertad y hasta de la democracia. Denuncian autoritarismo en el accionar del Estado, pero no reparan en su propios atropellos, en los riesgos en que incurren y en el mal que pueden causar a terceros. Su actitud es autoritaria y negadora de los derechos de las personas.

Está claro que entre quienes salen a manifestar existe un alto componente de personas que lo hacen sin razonar demasiado en los argumentos y las motivaciones y se dejan llevar por consignas ni siquiera demasiado elaboradas, pero que tienen el mérito —si así se lo puede llamar— de mover emociones, también odios y rencores. Admitamos, no obstante, que hay una porción de quienes salen a expresarse que están convencidos del argumento individualista. Para estos queda la posibilidad de invitarlos a reflexionar sobre las consecuencias de su accionar, para sí y para quienes los rodean. Una convocatoria a dejar de mirarse el ombligo y a poner en duda la certeza de la auto referencia. Si esto fuera posible.

Vale también pedirles que comprendan que en el nivel político el individualismo es incompatible con la vida en comunidad y con la democracia. Que «seamos responsables, seguí cuidándote» más que un eslogan de campaña es una manifestación de solidaridad con profundo sentido. Porque si en lo político el individualismo puede discutirse, en lo sanitario y en las condiciones actuales el individualismo también mata.

Washington Uranga
Washington Uranga

Miembro del Consejo Asesor Honorario de Codehcom, periodista, docente universitario, investigador en temas de comunicación.

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