Evita, la comunicación en tiempos de Perón

Evita 68 años después. Las grandes lideresas como los clásicos de la literatura, del teatro, de la música, no pueden ser silenciadas por el paso de los años. Como Gardel, Evita cada día dice mejor.

Desde su propia debilidad, la política suele echarle la culpa de los errores que comete a problemas de comunicación; mejor debería pensar en clave política y comunicar con  modelos diferentes a los que les propone el neoliberalismo. Podría, por ejemplo, dejando prejuicios de lado, revisar los Sucesos Argentinos que se emitían en los intervalos de las salas de cine entre película y película. Claro que sin pochoclos.

Habría que mirar más esa Evita y no mitificar sólo aquella de los cabellos rubios al viento que cabalga en la historia.

La Evita que recorre la Ciudad de los Niños junto a los pibes, mientras el locutor en off dice que en la Argentina los únicos privilegiados son los niños, consigna que ya trascendió siete décadas y que difícilmente sea superada por los profesionales de la consignocracia al estilo Duran Barba. Evita muestra los hogares escuela de las provincias rodeada de alumnos; también, en emocionante blanco y negro se ve como el pueblo corre hacia el mar o puebla las sierras de Córdoba; lugares inaccesibles para ellos antes de la Revolución Justicialista.

El dato diferente de ese tipo de piezas comunicacionales es que además de buenos textos, es el Estado el que habla por los Medios. Son los medios públicos los que hacen visible al actor social que protagoniza los hechos.

Es la política y es el proyecto el que habla y predice que los pibes, los únicos privilegiados, serán los futuros ciudadanos. Esos mismos que hasta el día de hoy siguen siendo peronistas.

Hasta la llegada del peronismo, los medios de comunicación estaban en manos privadas y respondían a los intereses de quienes los utilizaban para comercializar sus productos, fundamentalmente electrodomésticos.

La comunicación nacionalizada no está para promocionar sólo personajes o periodistas estrellas televisivos ni radiales, habla de la gente con la gente.

 Lo mismo sucede con el deporte, la comunicación del primer peronismo es política en acción. Con protagonistas, con actores sociales que se muestran en toda su masividad.

Evita también es comunicación inaugurando los campeonatos que llevan su nombre. Un torneo que no es el campeonato de Fútbol de Primera; esa práctica de seleccionados  que muestra la tele «moderna».  La televisión neoliberal es una televisión que repite millones de veces los goles de pibes como Mbapé, Dibala o el mismo Messi que pueden ganar millones de euros o dólares mientras millones de chicos, como ellos, se mueren de hambre y encima no tienen una pelota ni una canchita para jugar un picado.

La proeza de Evita y Perón fue llevar los picados de barrio a los grandes estadios, con tribunas llenas que aplaudían a niños que accedían a una ropa digna, a zapatillas. Que recorrían un país efectivamente federal porque iban y venían por todas las ciudades y provincias jugando, que es lo que los más pequeños  tienen que hacer.

Pero Evita hacía algo más: le ponía el cuerpo y hacía visible lo que ocultaban los medios de comunicación privados.  Evita se juntaba con los trabajadores y los arengaba. Hablaba y le daba nombre y rostro a la patria, que era el Otro pero que tenía un identidad: la de los trabajadores.

Y el trabajador/a no sólo era convocado para la foto, también era el antagonista de los explotadores. La lucha no era sólo del líder, la comunicación y el puente que trazaba Evita estaba en el reconocimiento pública de hombres, mujeres y niños que se volvían personajes, eran reconocidos porque eran ellos mismos quienes transformaban la vida que estaban viviendo. Evita hablaba su lengua.

Evita reconocía la grieta histórica sin nombrarla y aprovechaba la comunicación estatal de Telam, de Canal 7, de Radio Nacional para denunciar a los explotadores. Es que para que haya pobreza o explotación tiene que haber alguien que la provoque.  Y no se peleaba con los medios, solamente, sino con quienes estaban detrás de los medios que eran los explotadores, los oligarcas.

La comunicación tenía actores populares en las pantallas. La comunicación de hoy ya sea pública o privada no proyecta niños del pueblo, no exhibe orgullosa a los trabajadores, ni sus dirigentes. Las pantallas están ganadas por políticos, opinólogos, todólogos, por los mal llamados «profesionales» de la comunicación.

Evita hacía de la comunicación un arte, fundamentalmente porque reivindicaba la política. Evita y Perón nunca aparecían solos, siempre estaban rodeados de los actores de esa época que eran reivindicados desde los mismos nombres con los que se los discriminaba: cabecitas negras, descamisados, desposeídos.

Y la construcción mediática era federal. La Ciudad de los Niños no estaba en el barrio norte porteño, en Palermo o en Puerto Madero, estaba en un barrio cercano a La Plata y los niños iban a las sierras o al mar donde antes iban los explotadores porque los llevaba el Estado o los sindicatos nacionales. Y se juntaban en los hogares escuela que estaban en todos los rincones del país.

La comunicación de Evita y Perón, era estatal, federal, nacional y en ella el héroe era colectivo. El poder no estaba en el individuo, en la figura, en el emprendedor, era el pueblo trabajador en la pantalla.

Néstor Piccone
Néstor Piccone

Integrante de Codehcom. Periodista y psicólogo. Director de TeleSur (2007), gerente de Noticias de Radio Nacional (2003-2008) y Canal 7 (2007). Cofundador de la CTA y primer secretario de Difusión (1989-2001) de esa Central. Coordinador del programa radial En el Laberinto, que se emite de lunes a viernes a las 11 hs. por AM 740, Radio Rebelde.

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