Segundo informe sobre Covid-19 y humor social

La necesidad de cuidado y de un desempeño responsable para evitar los contagios del coronavirus aparecieron como preocupación y reclamo ciudadano ya en abril, cuando comenzaron a aplicarse las primeras aperturas parciales del aislamiento. La toma de posición no estuvo exenta de críticas hacia los demás, según una investigación de la consultora Argumentaria y Comunicadores de la Argentina (Comuna).

La observación del desempeño colectivo en torno de las medidas de cuidado sanitario, como el aislamiento, el uso de tapabocas y la distancia social, está marcada por una gran preocupación y en no pocos casos deriva a una demanda de control y hasta castigo por parte del Estado.

Habitantes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) de clase media y clase media baja entrevistados semanalmente entre abril y mayo expresaron temor por la conducta de las personas al abrirse parcialmente la circulación y reanudarse actividades. Reclamaron con énfasis responsabilidad y propusieron que se difunda información que contribuya a ordenar los comportamientos.

Aparecen representaciones que generan juicios y acciones sobre qué es correcto o «normal», el deber ser, y lo que es inapropiado y tendría que ser castigado. La atención se centra en lo colectivo y no en lo personal. Se expresa un juicio de valor respecto de la modalidad en que los demás cumplen o no con las medidas para no contagiar.

Si bien el Estado surge como el garante y responsable de organizar, administrar y conducir el cuidado de toda la población, la ciudadanía adopta también posturas pedagógicas y propone acciones disciplinarias hacia el «otro». Emerge así una pedagogía de disciplinamiento, actos y prácticas que enseñan, habitúan a las personas. Es decir, frente a esta nueva cotidianidad deben incorporarse nuevas formas de comportamiento social, que deben aprenderse y requieren acciones educativas que buscan, de alguna manera, una nueva disciplina y normalidad.

Estos elementos se proyectan hacia julio, cuando en un período de crecimiento continuo del número de enfermos por el Covid-19 las autoridades resolvieron impulsar una reanudación paulatina de actividades cuyo sostén principal es la responsabilidad con la que cada ciudadano y ciudadana afronte las nuevas condiciones.

Una parte de las y los entrevistados en rondas semanales de intercambio no dudaron en afirmar que piensan en recurrir a las fuerzas policiales cuando observan, incluso en su vecindad más próxima, que hay personas o grupos que no asumen un desempeño socialmente responsable frente al coronavirus.

Se profundiza el pedido de control gubernamental, aún en personas que no comulgan con esas prácticas. A la hora de hacer valer la responsabilidad surge la acción punitivista, para disciplinar: «multas», «sanción», «trabajo comunitario», son propuestas correctivas ante la falta de cumplimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Este clima de vigilancia se nota también en los pronunciamientos de usuarios de Facebook y Twitter en torno de noticias sobre la pandemia publicadas por medios de comunicación. Allí abundan expresiones críticas, reclamos de castigos incluso crueles —como negar la atención sanitaria en caso de contagio—, también multas y cárcel para quienes violaran el aislamiento y realizaran reuniones, fiestas u otras actividades no permitidas.

En este registro de medios, en lo que refiere a la demanda de disciplina, hallamos expresiones que desestiman una posibilidad de aprendizaje y educación compartida. No aparecen fórmulas de superación de conflicto o mecanismos para que las y los responsables de la «falta» tengan una alternativa de reparación. En suma, no hay ánimo conciliatorio.

Al igual que en el primer informe sobre esta investigación de Argumentaria y Comuna, se nota una distancia profunda entre las posiciones y propuestas de las personas entrevistadas y las que se expresan en esos ambientes digitales, en los que la intolerancia, la descalificación y la estigmatización de «los otros» está asiduamente en primer plano por motivos políticos, de clase social, de color de piel o de desempeño ante la pandemia.

Los ejes que prevalecen en las entrevistas, observados a través de las palabras más mencionadas, tienen una evolución muy significativa en el caso de la idea del respeto a las y los demás y la conciencia ante la emergencia: son definiciones que se vuelven mucho más frecuentes a medida que transcurren las semanas, aun cuando las cifras de las víctimas de la enfermedad eran muy inferiores a las de julio.

En el universo de 2749 mensajes registrados entre abril y mayo al pie de noticias sobre la pandemia, se nota la presencia de temas que también surgen de las entrevistas, pero siempre en un tono más terminante, cuando no agresivo.

En esos mismos ambientes, además, la crítica y la estigmatización va en todas las direcciones, si bien impera un discurso opositor, antiperonista y constituye, por lo tanto, un microclima muy específico. Las expresiones condenatorias no se dirigen únicamente hacia los sectores pobres, habitantes de barrios populares y beneficiarios de subsidios gubernamentales. También hay, aunque en menor proporción, condenas severas y pedidos de castigo a los «chetos», por caso los y las habitantes de un barrio acomodado que discriminan a una médica.

Una comunicación que ayude

Las personas entrevistadas señalaron dificultades en la comunicación oficial de las medidas ante la pandemia y las sucesivas etapas de aislamiento. La información brindada a la ciudadanía apareció como preocupación y fue planteada la necesidad de mejorar la comunicación gubernamental sobre las políticas públicas preventivas, así como también la información sobre el avance del Covid-19.

Hubo demanda de mensajes más claros porque quedan muchas dudas luego de los anuncios oficiales. Requerimientos para profundizar campañas en redes, radio y tv de concientización respecto al distanciamiento social y a la higiene personal.

El pedido de más y mejor información es simultáneo a la saturación por el flujo de noticias, datos, versiones, con malestar dirigido a los medios de comunicación de mayor alcance e influencia.

El ánimo crítico se dirige a los medios de comunicación, tanto que una de cada dos noticias publicadas recibe de usuarios y usuarias objeciones severas, cuando no acusaciones y expresiones de desprecio.

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Comuna

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