Salud, dinero (potencia) y amor

La salud es un bien común que construimos organizadamente entre todos y todas. Hoy la Argentina muestra un logro importante de contención del coronavirus construido democráticamente y comunitariamente.

En la salud la comunidad es nuestra mejor inmunidad.

La letra de la canción es conocida, encontrar la fórmula o camino para lograrlo es hoy más que nunca una necesidad de toda la humanidad. Pandemia mediante, queda claro que la salud está en primer lugar, porque la vida lo precede todo. Las cosas han ido mejor allí donde la humanidad ha entendido que solo actuando en comunidad es posible alcanzar la ansiada inmunidad frente al virus. Porque la salud colectiva, no la provee solo la prestación pública del Estado, ni la privada del mercado, sino que se construye actuando solidaria y responsablemente.

¿Y con el dinero, cómo hacemos? Los efectos económicos de la pandemia todavía no pueden predecirse. Sabemos que será necesaria la más rápida recuperación de la actividad productiva que sea posible, sin que se ponga en riesgo la vida de los trabajadores. Mientras tanto es necesario que el Estado sostenga el nivel de ingresos mediante subsidios directos y financiamiento a la actividad productiva. Aquí es donde muchos se preguntan ¿de dónde vamos a sacar el «dinero» para hacer frente a todo ello? Aquí es donde los agoreros vaticinan catastróficas tensiones inflacionarias si el Gobierno apela a la emisión.

Dinero  «potencia» para sostener y reactivar la economía

Luego de décadas de monocultivo de la idea neomonetaria apelan a lo obvio, si hay emisión, habrá inflación. Pero lo obvio suele no ser lo verdadero. Resulta obvio que las familias y las empresas están limitadas en sus gastos a su capacidad de ingreso, de ahorro previo o de endeudamiento. No pueden gastar más de lo que pueden ganar, de lo que tenían ahorrado o de lo que le puedan prestar. Pero el Estado tiene otra posibilidad, puede crear dinero o crédito al momento que crea un gasto, sin necesidad de tener un ahorro previo, sin necesidad de aumentar impuestos ni de recurrir a préstamos. La teoría económica denomina a este dinero como «dinero potencia».

Solo los Estados que tienen soberanía monetaria pueden emitir «dinero potencia».  Ya sea mediante la emisión monetaria directa o mediante aumento del crédito bancario. Lógicamente todo tiene un límite y debe mantenerse una regla de oro, que nos dice que el total de circulante, y la velocidad con la que circule, no pueden superar al producto de la cantidad total de producción por los precios corrientes. De lo contrario caeremos en más inflación. Pero en el actual contexto donde la recesión y la pandemia han derrumbado los niveles de producción, queda un trecho largo donde se puede aplicar «dinero potencia». Primero, para sostener la economía y, superada la pandemia, para poder reactivarla a los niveles máximos de nuestra capacidad productiva. Para recién a partir de allí pensar en nuevas inversiones para ampliarla.

Los países que no tienen soberanía monetaria son los que atan su emisión a la disponibilidad de otra moneda (antes patrón oro, luego libra esterlina, ahora dólar y a futuro ¿renminbi chino?). Estos países para emitir dinero dependen del ingreso de financiamiento externo vía inversión o deuda externa. El FMI y el mercado de bonos soberanos son las fuentes de acceso a esa provisión de dólares, que supuestamente nos permite generar la liquidez monetaria y de allí la sustentabilidad de la economía. En nuestro país esta receta ha fallado reiteradamente. Los dólares que han entrado solo han servido para satisfacer los deseos o adicción de atesoramiento de divisas en el exterior. Hay un equivalente a un PBI fugado afuera de la economía. Y hay un PBI real estancado por la escasez monetaria y crediticia interna. Imaginemos qué país tendríamos si empezáramos a cuidar nuestra moneda, como lo hicimos con nuestra salud, o sea también como un bien común.

Para que no se me acuse de comunista encubierto o populista incorregible, tomemos el caso de como los EE. UU. ha usado a lo largo de su historia el «dinero potencia».  La reciente ley Cares[1] votada por unanimidad dispuso una asistencia financiera, sanitaria y social de más de 2,5 billones dólares, un 12% del PBI norteamericano, sin crear un solo impuesto. Recordemos que en 1971 los EE. UU. declararon el default más grande de la historia al declarar la inconvertibilidad del dólar a oro y así recuperaron su soberanía monetaria. Otro ejemplo es el Plan Marshall de posguerra, donde en primer lugar emitieron «dinero potencia» para reactivar su industria y donar así maquinaria a Europa. Los países europeos emitieron en su moneda local y reactivaron así la alicaída Europa amenazada por el comunismo.

El Gobierno está logrando tomar medidas de auxilio a familias y empresas, sin aumentar la inflación y sin recurrir a endeudamiento externo, empezando a usar el «dinero potencia» que el Estado argentino y la comunidad dispone. El circulante en la Argentina hoy es de solo el 30% del PBI, en países vecinos como Brasil es el 90% y en Chile el 110%; por tanto, hay margen de maniobra. Eso pone nervioso a los mercaderes que trafican dólares. Quieren que el negocio del tráfico continúe. Un negocio donde nos prestan con la plata que los propios argentinos fugan al exterior.

Los profetas del odio y la civilización del amor:

Los que también se empezaron a preocupar son los agoreros que hablan de «infectadura» o del peligro del comunismo. Derrapan cuando hablan de «ghettos», de autoritarismo y de riesgo para la República, no reparan en que las decisiones son tomadas en concordancia con las provincias y municipios. Reflotan odios viscerales y se dedican a denostar sin fundamento. Actúan como profetas del odio, mientras el pueblo argentino acompaña, porque sabe que la salida es actuar de manera responsable y solidaria. Les preocupa que la Argentina postrada se levante y camine por si misma, sin tutela y con originalidad. Son los que levantan la bandera de la libertad individual, pero siempre han evadido lo que significa la libertad del colectivo nacional. Tienen miedo a la libertad de la Argentina.

Como dice el Papa Francisco, los anticuerpos de la solidaridad son los que van a poder derrotar esta pandemia y los que nos tienen que permitir derrotar a las otras pandemias como la del hambre, la desigualdad, las guerras y la catástrofe ambiental y social. «No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos».

[1] Coronavirus Aid, Relief, and Economic Security (Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus)

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Mario Cafiero

Ingeniero industrial, presidente Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes)

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